¿El sueño Americano?

El matrimonio entre personas del mismo no es legal aún en muchas partes del mundo, incluyendo muchos estados de E.U. Aún así, las parejas del mismo sexo que han logrado casarse parecen enfrentar con frecuencia la misma pregunta de familiares y allegados, “¿Piensan tener hijos?”. Para algunos la pregunta puede sonar normal, dado que dentro de sus fantasías de matrimonio se incluye la idea de ser padres, “Me caso para tener familia”. Pero para muchos otros puede ser una pregunta incómoda dado que como hombres homosexuales se acomodaron a la idea de no tener hijos. Vale señalar que las parejas lesbianas siempre cuentan con la posibilidad de que una de ellas pueda procrear por lo que la idea de tener hijos no les es tan extraña.


El tener hijos parece ser parte definitoria de lo que es  matrimonio y familia. Dentro del mundo heterosexual la norma es que una vez las parejas contraen nupcias tener hijos es lo próximo. De modo tal, muchas personas externas a las comunidades LGBTT pueden llegar a preguntarse, ¿Si no van a tener hijos para que se quieren casar?

Parte del problema pudiese ser que el matrimonio como tal es una institución heterosexual que comienza a ser adoptada por personas LGBTT. Recuerdo que uno de los primeros argumentos que escuché cuando se comenzó a proponer la idea del matrimonio entre personas del mismo sexo fue, precisamente, que esta era una institución heterosexual y que las personas homosexuales no debían intentar ser como ellos; debían crear instituciones nuevas, nuevas maneras de relacionarse.

Pero la idea del matrimonio homosexual pegó, se desarrollaron justificaciones y al presente se lucha por lograrlo y se considera un gran logro una vez obtenido. Aún así, continúa siendo válido el preguntarse, ¿Realmente deseo casarme?, ¿Qué tipo de matrimonio deseo?, y ¿Deseo que mi matrimonio sea una copia fiel de la institución heterosexual?

La realidad es que no somos heterosexuales y que “las cosas” que funcionan para ellos no necesariamente tienen que funcionar para comunidades LGBTT. La relación entre dos hombres ó dos mujeres no se tiene que desarrollar de la misma forma que la de un hombre y una mujer, y definitivamente no tiene que manifestarse de igual forma. El matrimonio tradicional, léase una pareja con 1.5 hijos, un perro, un gato y una casa llena de enseres electrodomésticos, no tiene que ser la meta de toda pareja que se ame.

Respeto el deseo de formalizar una relación que pueden sentir dos personas que sienten que se aman. El deseo de definir y establecer un compromiso. Respeto el deseo que pueden sentir de crear familia, de criar, formar y ver desarrollar unos hijos. Pero esto debe ser el resultado de un deseo honesto, no de presiones externas, o de deseos de conformarse a la “norma”.

Se tienen hijos porque se desean, se esté casado o no. Si ya se decidió romper con el amarre de tener que ser heterosexual, ¿Por qué tener que continuar con sus definiciones y recetas de cómo ser?

Así que puede ser válido que se adopte el matrimonio como institución por personas LGBTT, pero para que realmente funcione quizás deberá además ser adaptada a esta nueva realidad: La realidad LGBTT.


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