Entre la enfermedad y el rechazo.  Así viven en Puerto Rico unas 43,640 personas diagnosticadas con VIH/SIDA, datos que evidencian la situación de salud pública que impera en el País.   Hombres y mujeres que luchan día a día por librar la batalla del VIH/SIDA, que está enmarcada en toda clase de mitos, ignorancia y prejuicios.   Una epidemia latente que,  luego de 30 años desde la aparición de los primeros casos, carece de solidaridad ciudadana,  peor aún, de conciencia social.

El informe de mayo de este año del Programa de Vigilancia VIH/SIDA revela que la población de pacientes VIH/SIDA está compuesta principalmente por varones, quienes representan el 74 por ciento; las féminas, por su parte,  constituyen el 26 por ciento.  El principal método de transmisión es el contagio por drogas intravenosas con 45 por ciento, seguido por el contacto heterosexual con 28 por ciento.  En contradicción al estereotipo – que señala a los homosexuales como los principales portadores de la enfermedad – el contagio por contacto sexual de varón a varón es la tercera causa de transmisión del VIH/SIDA y representa el 17 por ciento,  a pesar de que este modo de contagio ha presentado una tendencia alcista desde el 2003.

Para estos miles de pacientes VIH/SIDA, vivir entre la enfermedad y el rechazo constituye su principal desafío.   Por un lado, el diagnóstico de la enfermedad implica un cambio total en sus vidas.  El virus puede multiplicarse con rapidez en el cuerpo y debilitar su sistema inmunológico si no es tratado.  A pesar de que la ciencia con sus avances ha dado paso a la creación de medicamentos que ayudan a tener una vida más larga y saludable, aún no hay una cura para esta enfermedad.  Para esta población, contar con profesionales de la salud que sepan cómo tratar el VIH/SIDA es fundamental a la hora de seleccionar los medicamentos adecuados.  

Asimismo, recibir los cuidados y el apoyo emocional y nutricional que promuevan el bienestar, la autoestima y una actitud positiva en estos pacientes es primordial. En Puerto Rico, por ejemplo,  la organización sin fines de lucro Bill’s Kitchen ofrece servicios de alimentación, consejería nutricional y apoyo emocional a esta población.  De igual forma, existen otras organizaciones de base comunitaria que proveen servicios a pacientes VIH/SIDA y que involucran el trabajo de voluntarios a favor de esta población.

Como sociedad, es hora de despertar a una mayor conciencia social para superar toda clase de mitos y prejuicios contra los pacientes VIH/SIDA.  De llevar un mensaje claro y contundente de que esta enfermedad puede padecerla cualquiera y no es exclusiva de un solo sector.  De tener presente que existe una población diversa de hombres y mujeres que sienten y padecen, y que luchan por mantenerse activos y productivos en la sociedad.    Es momento de reforzar la educación sobre los factores de riesgo, de enfatizar que la única manera de evitar la infección es mediante el conocimiento y la prevención.

Hoy día, un diagnóstico de VIH/SIDA no es una sentencia a muerte, pero si como sociedad no echamos a un lado la estigmatización de esta enfermedad será nuestro pueblo quien viva sentenciado.    Erradicar los mitos y prejuicios es responsabilidad de todos.

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