Por: Yolanda Arroyo Pizarro


Por estos días releo el poemario de una grandiosa poeta puertorriqueña lesbiana, Nemir Matos Cintrón.  Su libro titulado “Aliens in NYC” es un viaje por las tierras del extranjero y sus costumbres, sus necesidades, sus exigencias en voz multiplural, en voz del afectado, del doliente que migra, que traspasa la incertidumbre de la nueva patria y todas las patrias.  

El poemario es una historia de mujeres que aman a mujeres desde la extranjería, desde la huida de la patria a la nueva tierra del cuerpo amado, sea donde esté.  Dos mujeres se besan, se meten las lenguas, se hurgan los huecos, salivan una sobre otra hasta completar el orgasmo femenino mutuo, mientras se recuerda el folclor y las costumbres del hogar exiliado.

La significancia, nueva y antigua, del término extranjero, alienado, es irreconciliable con cualquier identidad purista de la actualidad.  Debe, por ende, someterse este vocablo a la semántica obligada del refugiado, del retorno y lo inhóspito. Migración forzada  o sin forzar, colorida, dolida, angustiada. Nemir Matos Cintrón logra esa definición con este poemario que marca su propio retorno desde el “todo mezclado” del Caribe, esclavitud y emancipación, abolicionismo y soberanía, libertad, potestad, protesta.

Se permea a través de los labios-bocas-lenguas de Matos Cintrón un pensamiento latinoamericano, centro americano, iberoamericano, norteamericano. La mujer, el hombre, la mezcolanza, el dolor, el parto, el aborto, la virginidad, el desvirgue, el glande, los ovarios, las rodillas y los arodillados, y los que se levantan, se levantan, en efecto, en la garganta de una enigmática poeta puertorriqueña que ha decidido enarbolar al sujeto del exilio y sus razones. Ciudades inhabitadas de dolor, mente del migrante arrepentido, el exilio es el estado de encontrarse lejos del lugar natural y Nemir lo denuncia.  No somos naturales, venimos del destierro, del extrañamiento, somos variantes a lo largo de la historia.

México lindo, Puebla, Potosi, Cuba, Venezuela, West Indies, East Manhattan, El Barrio, Tucumani, Quisqueya Heights, New York City, la Bodega, Jamaican and Puerto Rican doñas, Haití, Perú, la Patagonia, Grand Central Station, El Salvador, Nicaragua, Ecuador, el mangú, el mofongo, el calalú, Glenn Cove y Long Island.  Todas sílabas tejidas en la lengua de la poeta.  El viaje hacia esta aventura, según nos explica en el prólogo la Dra. Luz María Umpierre, incluye un periodo de tiempo que va desde 1996 a 2000. Y parece que miramos al corazón palpitante de Nemir por esa ventana del tiempo. Tiempo suspendido.  Tiempo desterrado.

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