En los principios de la epidemia del VIH/SIDA se acuño la frase “silencio=muerte”. En aquel momento era importante expresarse porque había toda una campaña de negación sobre la existencia misma del VIH.

Callar implicaba apoyar la negación, por tanto era necesario hablar, expresarse, gritar.


Ahora vivimos tiempos diferentes, la negación ya no es sostenible; es ahora importante distinguir entre el planteamiento político de no callar y la comunicación personal de tu estado serológico. Debes tener mucha cautela al momento de decidir comunicar tu estado VIH en tus comunicaciones personales.

Usualmente las personas VIH sienten inseguridad y dudas sobre cuándo y a quienes comunicar su estado. Desafortunadamente, a las personas VIH se les dice con demasiada frecuencia, de forma errónea, que deben informar su estado a diversas personas como caseros, oficiales de escuela o miembros de la familia. Desde la perspectiva de la Oficina Legal del Consejo del SIDA de Chicago, estas personas están ofreciendo asesoría legal equivocada. Ninguna ley le requiere que informe a esas personas  que es VIH positivo. Las únicas personas a quienes debe notificarle son aquellas con quienes tiene sexo o comparte agujas. Pero fuera de estas circunstancias, si usted desea mantener su estado de salud para usted mismo, esa es su prerrogativa.

Así que si su doctor le dice que debe informar a su jefe sobre su estado VIH, deténgase y piense por un momento. ¿Tomaría consejo médico de su abogado? Entonces, ¿por qué tomar consejo legal de su médico?

Si usted decide informar su estado serológico puede no pasar nada, pero también pueden pasarle cosas muy desagradables. En sus diez años de existencia, La Oficina Legal del Consejo de SIDA de Chicago ha trabajado con cientos de personas que han sufrido gran daño social por esta decisión.


Por ejemplo, un profesional llamó a su casero desde el hospital para explicarle que su renta se atrasaría algunos días debido a su diagnóstico de SIDA. Al regresar a su hogar encontró que las cerraduras habían sido cambiadas, sus posesiones metidas en cajas y las llantas de su auto vaciadas. Otra mujer le solicitó a su hermanastra que cuidara a su hijo mientras estaba en el hospital por una condición relacionada al SIDA. Su hermanastra decidió que ninguna persona con SIDA estaba cualificada para cuidar un niño y rehusó devolvérselo. Un agente de viajes de Chicago le dijo a sus compañeros de oficina sobre su estado VIH porque ellos, “eran como familia”; cuando tomó unos días por enfermedad fue despedido.

Muchas personas que escuchan estas historias piensan inmediatamente, “Tienes una demanda grande ahí”. La verdad es que una gran demanda no es necesariamente mejor que un hogar o un trabajo. Ciertamente puede existir protección para los derechos de las personas VIH, pero las demandas no son fáciles ni agradables. Con frecuencia es difícil probar que hubo discriminación; los patronos, caseros y otros han aprendido a cubrirse y justificarse. Aunque la discriminación sea descarada puede que no haya dinero para cobrar, o bien porque a la persona que demanda es pobre o porque el acto particular de discriminación no es uno por el cual la ley permite reclamar dinero. A veces no hay remedio legal posible. No puedes demandar a compañeros de trabajo cuando dejan de invitarte a compartir un almuerzo. No puedes demandar a tu hermana cuando rehúsa dejar que abrases a su nuevo bebe.

Ciertamente ha habido esfuerzos heróicos de personas que no se han callado y han contribuido significativamente en la lucha contra la discriminación. Pero no todos podemos ser héroes en cada situación.  Y aún los más grandes héroes escogen sus batallas con cautela.

Puede haber buenas razones para informar el estado VIH, como parte de una batalla política importante o como parte de un compromiso personal con la verdad y apertura. Pero antes de informar su estado VIH por razones legales, asesórese legalmente.

Ser abierto sobre tu estado VIH puede ser esencial para combatir la intolerancia y desinformación de la sociedad. Aquellos con el coraje para decirlo deben ser admirados. Pero a cada persona se le debe permitir decidir cuando y donde desea informar su estado VIH. No debemos juzgar e incomodar a aquellos que escogen permanecer en silencio para mantener comida en sus mesas y techo sobre sus cabezas. A veces, el silencio equivale a vida.

Traducido de un artículo por Justin Hayford de Test Positive Aware Network

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