Rafael Reátiga y Richard Píffano

Rafael Reátiga, 35, y Richard Píffano, 37, ambos curas católicos, aparecieron muertos de disparos en lo que se creyó fue un asalto. Sin embargo, detrás de este dato crudo parece haberse desarrollado una historia de amor prohibido que superó obstáculos y distancias.
Rafael Reátiga, nació en una familia de campesinos, siendo el menor de ocho hermanos. Su padre murió cuando él tenía 2 años, por lo que creció con su madre. Creciendo en la finca familiar le toco cuidar vacas y recoger cosechas de maíz. Pero Rafael no había nacido para el campo,  “Soñaba con la ciudad y con una vida diferente”, habría dicho uno de sus hermanos.
Buscando un cambio se fue a estudiar a un seminario. Allí conoció a Richard Armando Píffano, joven alto, blanco y de ojos claros que compartía su mismo sueño, ser sacerdote. Rafael y Richard se hicieron inseparables desde un principio. Tanto así que a pesar de que Richard tenía su familia prefería pasar sus vacaciones con su nuevo amigo. “Él (Richard) era uno más de la familia”, recuerda Jaime, hermano de Rafael.
Dos años después de haber llegado al seminario, Rafael decidió cumplir con el sueño de ir a la gran ciudad. Pero no se fue solo, viajó con Richard.  Los dos se ordenaron sacerdotes en julio del 2000. Curiosamente de su promoción solo se graduaron cuatro, porque, según versiones de la Fiscalía, el seminario fue cerrado por rumores de homosexualismo.
Los dos curas vivieron juntos por seis meses, hasta que les entregaron sus misiones que los enviarían a cada uno por separado. Aún así, nunca se separaron. Mantuvieron contacto viéndose en el apartamento que tenía alquilado la Arquidiócesis para el padre Rafael. Richard llegaba los lunes (el día de descanso) y también en días de trabajo. Se cubrían uno al otro en los servicios. “El padre, aunque no pertenecía a esta parroquia, sí hizo bautizos, matrimonios y decenas de servicios aquí”, asegura otro sacerdote.
“Todo lo que a mí me pasa lo sabe el padre Richard”, solía decir Rafael a sus seguidores en la iglesia, donde hizo una gran obra. “Recibió un lote desolado y levantó un hermoso templo para Dios”, dice el actual párroco. Por sus logros, en el 2003 el padre Rafael fue nombrado párroco de la Catedral de Soacha y ecónomo de las 33 parroquias de la zona.
Pero mientras el padre Rafael se destacaba en sus labores pastorales, crecían cada vez más los rumores de su homosexualidad y sus gustos por la vida  mundana. También llegaban rumores de las salidas del padre a discotecas gay en el área y a rumbas privadas en el barrio, donde solía tomar cerveza y whisky. El padre Rafael fue, además, visto en muchas ocasiones en bares gay, sin el padre Richard, que según testimonios era más serio y menos rumbero.
Aparentemente, como consecuencia de estas aventuras, Reátiga se contagió con VIH y la condición había avanzado hasta llegar a un diagnóstico de SIDA. Según Martina González, investigadora a cargo del caso, Reatiga había hecho preparativos para su muerte luego de que su diagnóstico pasara de VIH+ a SIDA. Alegadamente el tenía sífilis activa al momento de la muerte.
Ana Patricia Larrota, fiscal, quien investiga el caso ha alegado que ambos curas habían acordado pagar  $8,500 a unos asesinos a sueldo para que los matara en lo que se puede considerar un suicidio planificado y asistido. Hay evidencia de que Píffano, habría retirado del banco una fuerte suma de dinero el día que fue asesinado. Los investigadores alegan que ambos curas habían acordado un pacto suicida pero decidieron contratar unos asesinos porque no podían hacerlo ellos mismos. Acordaron hacerlo ver como un intento de robo.
Todo parece indicar que se conocieron, se amaron, lucharon para mantenerse juntos, en contra de todos los obstáculos; y aparentemente decidieron partir juntos. Los imagino esa última noche, ambos abrazados en su cuarto mirándose, amándose, sabiendo que sería su última noche. Esperando los asesinos pagados por ellos mismos que vendrían a cellar su pacto de amor para siempre. Definitivamente una bella historia de amor con un final trágico de novela.

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