En la obra “Muerte en Venecia”, el protagonista, un hombre heterosexual mayor, se enamora de forma platónica de un adolescente de belleza sublime. Su deseo no era poseerlo, era observarlo, rendirle culto, admirarlo. Pero en la angustia de su idolatría, su salud decayó, enfermó y murió.


Idolatrar a otra persona puede no ser una experiencia agradable. Se siente que se pierde el control sobre la voluntad propia. Se siente que se funciona a merced de esta otra persona. Genera ansiedad y angustia, y un@ nunca se siente amado lo suficiente.

Lo extraordinario de la idolatría es que regularmente no perdemos la mente por la belleza con contenido. Cuando una persona hermosa tiene contenido, interaccionamos con está. No surge idolatría porque con ella nos relacionamos de igual a igual. Pero, irónicamente, es la belleza sin mucho contenido la que puede hacernos perder la cabeza. Esta es la belleza que solo se deja ver, se obsequia a los ojos. Como no hay mucha interacción se llenan los espacios en blanco con nuestras propias fantasías.

Cuando idolatramos no reconocemos defectos físicos, y mucho menos defectos de carácter. Vemos lo que queremos ver. La idolatría puede ocurrir por muchas razones. Bien podemos concentramos en una característica particular que nos deslumbra y la proyectamos a toda su persona. Por ejemplo, si somos amantes de las piernas bellas, conocemos esta persona con piernas perfectas y vemos una persona perfecta. Admiramos las pieles limpias y conocemos a una persona de piel tersa y nos enamoramos de su piel viendo una persona tersa.

Pero la idolatría también puede ocurrir porque esta persona llega a nuestras vidas en un momento de fragilidad. Llega cuando estamos vulnerables, cuando hemos sufrido una pérdida, cuando estamos tristes, o cuando nos sentimos solos. En esos momentos esta persona puede llenar un vació emocional y podemos creer que se ha convertido en algo insustituible para nosotros.

Otra posibilidad es que esta persona tenga una cualidad física o de carácter que entendemos carecemos. Idolatramos la persona intentando hacer nuestra esa cualidad física o de carácter que entendemos no tenemos. En esos casos sentimos que esta persona nos complementa.

En realidad no hay nadie perfecto. Pero para hacer honor a la verdad, podemos en ocasiones entrar en contacto con personas que nos agradan en tantos aspectos que nos tornamos ciegos a los aspectos que no nos agradan. En esos momentos nos enamoramos de alguien que no existe porque la perfección real está en los ojos de quien mira. Idolatramos, entonces, a alguien que creemos perfect@, aunque a l@s ojos de otr@s puede ser ordinari@.

El vídeo que incluimos a continuación es un buen ejemplo de idolatría. Pero lo incluimos además por su aportación estética. Advertimos que incluye desnudos frontales. Por lo que si tiene objeciones a los mismos recomendamos no verlo.

“David”, cortometraje gay. from artegalia on Vimeo.

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