Has pensado alguna vez, ¿Cómo serian nuestras vidas si todas las sexualidades fuesen aceptadas como la heterosexualidad?

En mi caso particular probablemente hubiese tenido muchos noviecitos. En definitiva, mi virginidad seria un recuerdo, ya que a los ocho años la hubiese perdido. Seguramente luego de la escuela superior me hubiese casado con un donsito precioso. Si todo esto fuese posible, el único problema sería es que me fui con un hombre mayor, pero en esta utopía mi sexualidad no sería un problema.

La realidad, por desgracia, es otra. Vivimos desde nuestra niñez tratando de encajar en todos los conceptos y visiones heterosexuales. Esto va más allá de las tías comentando y preguntando por las noviecitas. Se trata del diario, de una pelea que llevamos much@s y que no debiese existir.

Pero este conflicto pudiese resolverse si estuviésemos claros en que la sexualidad es algo fluido y que la homosexualidad y heterosexualidad no son las únicas opciones posibles.

La gente homosexual, al igual que la heterosexual, los bisexuales, transgéneros e intersexuales merecen poder desarrollarse y expresarse desde niños libremente. Debiésemos ser capaces de pensar, disfrutarnos y crecer saludablemente, sin sentirnos obligados a tener que ser parte de una “norma”.

No hablamos aquí de simplemente solidarizarse con el concepto infantil de lo normativo, si no también moverse a requerir los derechos de los que somos privados simplemente por nuestra preferencia sexual. Estas privaciones van desde un gobierno africano que piensa en matar a sus residentes gays, hasta un pueblo boricua que muy “solapadamente” y con “mucho cariño” rechaza o discrimina a alguien LGBT.

El ver este “solapamiento” y suavidad como algo normal es algo que nos debería de dar miedo. Cuando se acepta como normal se ha asumido la postura que la sociedad le ha dado la gana de darnos. Tenemos el deber, responsabilidad y potestad de marcar nuestro propio destino y hacerle el camino más fácil a generaciones futuras.

¿Cómo resolver el problema? Sin duda los programas de justicia social han hecho y seguirán haciendo grandes adelantos en la visualización, derechos y nuevos escenarios LGBT; pero le toca al individuo en su casa, comunidad y área de trabajo ser único y razón de ejemplo.

Para que la percepción de un pueblo cambie hace falta que sus representantes, regados por cada esquina de esta Isla, busquen dejar una buena y honda huella en cada persona a nuestro paso.

Eso va más allá de si eres o no activista, de si apoyas a un líder gay o no, o de si eres los que dice que no te vas a meter en esta discusión e “ignoras” todo el asunto. Aunque lo ignoremos…no va a dejar de existir.

Somos responsables de la percepción que otros tienen sobre toda la comunidad LGBT y hoy tu…puedes cambiarlo…¿que crees?

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